En la escuela, lo usual era traducir de la lengua indígena, lo que significaba Panamá. Siempre he admirado como vivimos en un país con un gentilicio de un idioma que nadie habla. Según los maestros, significa muchas cosas, abundancia de Flores, de peces, de mariposas y quién sabe que otro sustantivo añadan con el tiempo. En mi historia, en la nuestra, la abundancia de flores siempre estuvo en mi patio, a veces parece que tuviese el temperamento de un Epidendrum. A veces creo que mi gentilicio lo tengo bien puesto otras veces, me vuelvo mi propio gentilicio.

En la escuela, lo usual era traducir de la lengua indígena, lo que significaba Panamá. Siempre he admirado como vivimos en un país con un gentilicio de un idioma que nadie habla. Según los maestros, significa muchas cosas, abundancia de Flores, de peces, de mariposas y quién sabe que otro sustantivo añadan con el tiempo. En mi historia, en la nuestra, la abundancia de flores siempre estuvo en mi patio, a veces parece que tuviese el temperamento de un Epidendrum. A veces creo que mi gentilicio lo tengo bien puesto otras veces, me vuelvo mi propio gentilicio.

 Soy la multitud, de tantas 9 de eneros que se callan en el calendario. Soy el niño que no nació con los ruidos de un 89 funesto. Soy los caídos que no debieron haber caído. Soy todos, y a la vez, el olvido me convierte en nadie. Soy el nombre de los que no se nombran porque entre tantos arboles Panamá, algunos cobijan en su sombra, pecados que no se pueden nombrar. Soy los maceteros de nuestras vidas, plantadas de humanitos que ya nadie recuerda.

Soy la multitud, de tantas 9 de eneros que se callan en el calendario. Soy el niño que no nació con los ruidos de un 89 funesto. Soy los caídos que no debieron haber caído. Soy todos, y a la vez, el olvido me convierte en nadie. Soy el nombre de los que no se nombran porque entre tantos arboles Panamá, algunos cobijan en su sombra, pecados que no se pueden nombrar. Soy los maceteros de nuestras vidas, plantadas de humanitos que ya nadie recuerda.

 El observaba aquellos matorrales, llenos de Faragual, él solamente observaba porque él era un espectador, había nacido así. Él había sido el primero de su familia en nacer con los ojos abiertos y nunca cerrarlos. Y cuando vio por primera vez se enamoró de aquel pasto salvaje que crecía en el patio de su abuela. Aquellas hojas habían sido asediadas por el viento y recordadas en su expectación. El vivía en contemplación perpetua de la tierra que sentía como suya, dicen que murió como nació: y mirando regreso al suelo que tanto quiso.

El observaba aquellos matorrales, llenos de Faragual, él solamente observaba porque él era un espectador, había nacido así. Él había sido el primero de su familia en nacer con los ojos abiertos y nunca cerrarlos. Y cuando vio por primera vez se enamoró de aquel pasto salvaje que crecía en el patio de su abuela. Aquellas hojas habían sido asediadas por el viento y recordadas en su expectación. El vivía en contemplación perpetua de la tierra que sentía como suya, dicen que murió como nació: y mirando regreso al suelo que tanto quiso.

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